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¿Nació la acupuntura en Europa? El hombre que surgió del hielo Por Juan Hahn

 

Eran las 13:30 horas del 19 de septiembre de 1991 cuando un matrimonio alemán descubrió un cuerpo a 3.210 metros de altitud en el sur del Tirol (Norte de Italia), cerca de la frontera con Austria. Avisaron a las autoridades y la policía abrió una investigación, nadie se imaginó en ese momento que estaban ante uno de los descubrimientos más asombrosos del siglo XX.

 

Fundstelle am Gletscher © Südtiroler Archäologiemuseum

Fotografía cedida por el Museo de Arqueología de Tirol del Sur

 

Se trataba del cuerpo momificado de un varón de la época neolítica, que murió hace 5.300 años en el lugar en el que fue encontrado. Actualmente se la considera la momia más antigua de Europa.

Esta es la historia de Ötzi, así es como todo el mundo conoce al hombre de hielo, llamado así por Ötztal (Valle del Ötz), la zona de los Alpes italianos donde fue descubierto.

 

Posición en la que fue encontrado en hobre de hielo

 

El calentamiento global dejó expuesto este cuerpo, que había estado cubierto por el hielo durante más de 50 siglos.

Durante años me fascinó esta historia. En mayo del 2018 participé en un seminario sobre craneopuntura de Yamamoto en el norte de Italia, y no quise perder la oportunidad de visitar el Museo de Arqueología de Tirol del Sur, en la ciudad de Bolzano, donde pude ver el cuerpo de Ötzi, así como todas sus pertenencias; y pude profundizar en todas las circunstancias que rodearon la vida y la muerte de nuestro antepasado.

Cuando el cuerpo fue descubierto, estaba extraordinariamente bien conservado; una capa de nieve lo cubrió primero, y permitió una ventilación natural, que proporcionó un entorno seco. Pasados los años, el cuerpo fue enterrado por el hielo glacial, conservándose en estas condiciones durante miles de años. Asimismo, se encontraron en excepcional estado su ropa y todos los utensilios y herramientas que portaba consigo: un hacha de cobre (el hallazgo más importarte), un cuchillo,un arco, flechas, un cinturón, una mochila, sus zapatos, un gorro, sus prendas de vestir, un mechero, un botiquín etc. En total, llevaba consigo objetos fabricados con 18 clases diferentes de madera.

 

 

Ötzi medía aproximadamente 160 cm, una estatura normal de la población neolítica; pesaba unos 50 kg, sus pies corresponderían hoy a una talla 38 y murió con aproximadamente 45 años. Era un anciano en aquella época, aunque estaba en muy buena forma física, estaba musculado, sin grasa, y aunque tenía caries, no le faltaba ningún diente.

 

Vitrinenfenster zur Kühlzelle des Mannes aus dem Eis © Südtiroler Archäologiemuseum/Ochsenreiter

Fotografía cedida por el Museo de Arqueología de Tirol del Sur.

 

Posteriores investigaciones han revelado que Ötzi fue asesinado por una flecha que penetró por la espalda. Él, probablemente, arrancó la flecha de manera instintiva, por el dolor que le producía; pero la punta de sílex quedó alojada en el hombro izquierdo. La lesión alcanzó la arteria subclavia, lo cual le ocasionó la muerte, aunque no fue de forma inmediata. Al caer al suelo se golpeó la cabeza, y algunas hipótesis, basadas en la circunstancia de que en su ropa había diferentes tipos de sangre, apuntan a la existencia de una lucha con varios individuos. Pocos días antes había tenido una pelea cuerpo a cuerpo, ya que tenía una herida incisa en su mano derecha. Seguramente nunca sabremos con exactitud qué pasó.

 

 

La minuciosa autopsia del cuerpo de Ötzi desveló que sufría de tricuriasis, una enfermedad producida por unos parásitos llamados Trichuristrichiura o tricocéfalo, transmitida por la ingesta de alimentos, agua o tierra contaminada; y borreliosis o enfermedad de Lyme, producida por la bacteria Borrelia Burgdorferi y transmitida por la picadura de una garrapata. Todo ello le causó anemia y, probablemente, dolor abdominal. Además, se detectó la presencia de cálculos biliares.

 

Untersuchung © Südtiroler Archäologiemuseum/EURAC/ Samadelli/Staschitz

Fotografía cedida por el Museo de Arqueología de Tirol del Sur.

 

Tras los estudios radiológicos, se dedujo que tenía artrosis en la cadera, en las rodillas, los tobillos y en la zona lumbar. Tenía una variante anatómica, la ausencia del duodécimo par de costillas, circunstancia probablemente asintomática. Había tenido varias fracturas costales y una fractura nasal, que habían curado bien. Además, tenía una intolerancia a la lactosa.

 

 

El contenido de arsénico en su cuerpo era muy alto, probablemente trabajaba el hierro o en una mina de cobre; mientras que el contenido en plomo era mucho más bajo que el de las personas de hoy en día.

Ötzi llevaba lo que constituye el primer botiquín documentado de la historia, dos masas con forma de esfera, atravesadas por un cordón y compuestas de un hongo llamado Piptoporus betulinos, que contienen unas resinas con un fuerte efecto purgante; asimismo este hongo contiene unos aceites con propiedades antibióticas.

 

 

El hecho de que portara consigo estos hongos, nos indica que el hombre de hielo era consciente de su patología y la combatía con este remedio, probablemente el único recurso farmacológico que existía en Europa en esa época.

En el estómago e intestinos de Ötzi se encontraron restos de carbón, probablemente usados para tratar los problemas digestivos. Esta técnica se usa hasta nuestros días por su utilidad en el tratamiento de intoxicaciones y enfermedades víricas y por su capacidad de absorber diferentes venenos y toxinas.

Ötzi tenía tatuajes por todo el cuerpo. Tras descartar la función ornamental o estética, se llegó a la conclusión de que tenían una función terapéutica en el tratamiento de las dolencias digestivas y músculo esqueléticas de nuestro antecesor. Estos tatuajes no estaban realizados con agujas, sino con pequeños cortes.

Sus 61 marcas en la piel son los tatuajes más antiguos sobre los que se tiene constancia, así está reflejado en el libro Guinness de los récords.

 

Tatuajes en la espalda de Ötzi

 

El número exacto de tatuajes, 61 en total, agrupados en 19 grupos, no quedó determinado hasta el año 2014, gracias a las técnicas de imagen multiespectral.

Un gran número de estos tatuajes, que fueron realizados principalmente con hollín y un poco de ceniza, coinciden con una precisión casi milimétrica con puntos de acupuntura y constituyen un eficaz tratamiento analgésico.

Pero lo más asombroso es que la combinación de puntos corresponde a un tratamiento moderno de acupuntura para tratar el dolor osteo-muscular y las molestias digestivas que sufría el hombre de hielo.

Los puntos de acupuntura documentados son:

-Vejiga 21, Vejiga 22, Vejiga 23, Vejiga 24, Vejiga 25, Vejiga 56, Vejiga 59, Vejiga 60,

-Hígado 5, Hígado 8, Hígado 14

-Vesícula Biliar 24, Vesícula Biliar 34, Vesícula Biliar 37,  Vesícula Biliar 38, Vesícula Biliar 40.

-Estómago 41,

-Bazo 6

-Riñón 7, Riñón 9,

-Intestino Grueso 5

-Intestino Delgado 4

-Triple Recalentador 4

Además de los puntos locales, es decir, aquellos que se realizan sobre las zonas dolorosas, lo que los chinos llamarían muchos siglos después puntos ashi, este tratamiento incluye puntos distales, cuya eficacia en las patologías de Ötzi ha quedado más que demostrada; por ejemplo, Vejiga 60 es un punto maestro del dolor de espalda, conocido como el punto “aspirina”.

La acupuntura, tal como la entendemos hoy, se basa en relaciones somato viscerales, es decir, incidiendo en puntos muy concretos de la piel, podemos conseguir efectos en órganos y sistemas, corregir el desequilibrio a nivel bioquímico y biofísico, y el tratamiento del dolor y de la inflamación. En este sentido es perfectamente imaginable que un acupuntor actual aplicara estos puntos para tratar las dolencias que tenía Ötzi.

 

 

Hay dos motivos del porqué de los tatuajes. Por un lado, pretendían alargar el efecto de la puntura, introduciendo hollín y ceniza en las incisiones; los tatuajes proporcionaban un efecto permanente, para la artrosis y las molestias digestivas.Y, además, permitían que cualquiera sin conocimientos pudiera tener localizados los puntos a tratar y pudiera aplicar la terapia. No es difícil imaginar que, hace 5.300 años, no debía de ser precisamente fácil localizar a alguien con conocimientos médicos.

Este descubrimiento pone en tela de juicio que la acupuntura naciera sobre el año 1000 AC, en China y otros países asiáticos; teoría extensamente aceptada como cierta, hasta la aparición de Ötzi. Todas las pruebas indican que 2.000 años antes de esa fecha, en Europa se practicaba no sólo una acupuntura muy similar a la acupuntura china, sino una medicina organizada, que además contaba con la fitoterapia.

 

 

Ötzi murió entre los años 3350 -3100 AC, cientos de años antes de que se construyeran las primeras pirámides de Egipto y Stonehenge en Inglaterra o de que se fundaran las primeras dinastías en China, y muchos siglos antes de la existencia constatada de un tratamiento estructurado en China (1500 AC durante la dinastía Shang).

Existen restos en China del 6000 AC, se trata de piedras y huesos afilados, pero atribuir estos restos a una primitiva acupuntura son sólo especulaciones.

En el museo de Arqueología de Bolzano, se encuentra una reproducción impresionante del cuerpo de Ötzi, cuya elaboración ha sido extremadamente concienzuda en esta figura. Se realizó utilizando las técnicas de medicina forense más avanzada, también se utilizaron pruebas de ADN, por ejemplo, para determinar el color de los ojos. Para la reproducción del cráneo se utilizaron varios escáneres que facilitaron la información precisa para que la cara pudiera ser elaborada con estereolitografía (SLA).

El descubrimiento de Ötzi constituye un acontecimiento maravilloso, que aporta una información fascinante sobre nuestra historia y sobre los orígenes de la acupuntura. Aprender del pasado, nos ayuda a entender nuestro presente y moldear nuestro futuro.

Personalmente, escribir este artículo me llevo a reflexionar sobre las condiciones tan duras en las que vivían nuestros antepasados, difíciles de imaginar hoy en día, y el milagro que supone que cada uno de nosotros haya llegado a este punto de la vida a través de millones de años de evolución.

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